Todo comenzó hace unos meses, en un pequeño rincón de Andalucía.

Como muchas historias, esta comenzó con algo aparentemente sencillo: la nostalgia.

Con el recuerdo de aquellas tardes frente al televisor, de abrir una caja nueva, hojear su manual de instrucciones y descubrir todos esos pequeños detalles que formaban parte de la experiencia de jugar. Carátulas, manuales, mapas, folletos… piezas que quizá en su día parecían algo secundario, pero que con el paso de los años se han convertido en parte de la historia de los videojuegos.

El problema es que hoy, recuperar todo aquello puede resultar complicado. Algunas piezas han desaparecido, otras se encuentran en muy mal estado y, cuando aparecen, sus precios pueden estar muy lejos de lo que muchos aficionados están dispuestos o pueden pagar.

Y ahí nació nuestro proyecto.

Con una idea muy sencilla: preservar la historia del videojuego y hacer que todos puedan disfrutarla sin tener que gastar una fortuna.

Restauramos, reconstruimos y damos una nueva vida a material gráfico de diferentes generaciones de videojuegos, cuidando cada detalle para conseguir reproducciones que permitan recuperar la esencia de aquella época.

No pretendemos sustituir la historia original.
Queremos ayudar a conservarla.

Porque creemos que coleccionar videojuegos también significa conservar sus recuerdos: aquel manual que leíamos una y otra vez, aquella carátula que reconocíamos al instante o aquella caja que durante años formó parte de nuestra infancia.

Desde nuestro pequeño rincón en Andalucía, seguimos trabajando para que esas pequeñas piezas de nuestra historia no desaparezcan.

Porque los videojuegos pasan de generación en generación.

Y sus recuerdos también.